Para pertrecharse de una cultura corporativa apuntalada sobre la creatividad las compañías harían bien en hacer suyos estos prácticos consejos.

Autora de la imagen: Cristina Venedict

La creatividad no es patrimonio exclusivo de áreas de actividad como la publicidad, la comunicación o el arte. Cuando hablamos (a menudo por los codos) de creatividad, hablamos también de agilidad mental, de intercambio constante de pareceres, de búsqueda incansable de soluciones y de aprendizaje colectivo.

En las empresas cuya particular estrella polar es la creatividad todo el mundo puede tener ideas grandiosas e implementarlas con éxito (desde el CEO hasta el conserje).

Cuando se pone la creatividad por montera, las compañías están en posición de dar respuesta más fácilmente a retos a bote pronto extraordinariamente peliagudos como la digitalización y la globalización.

En un contexto como el actual, cuando las empresas tienen frente así un larguísima retahíla de desafíos, la creatividad puede erigirse en su particular bote salvavidas para evitar ahogarse en las procelosas aguas de la incertidumbre.

Para pertrecharse de una cultura corporativa apuntalada sobre la creatividad las compañías harían bien en hacer suyos los prácticos consejos que disecciona a continuación Martin Blach en un artículo para W&V:

1. Dejar que la creatividad fluya

La creatividad necesita libertad y espacio para poder desarrollarse satisfactoriamente. Y por eso los líderes deben asegurarse de que toda la organización en su conjunto está involucrada en el cambio.

2. Tener confianza

En un cultura corporativa gobernada por la creatividad es vital que quienes tienen la vitola de líderes confíen en que los individuos que conforman la organización y también ésta como ente colectivo llevarán las tareas que tienen entre manos a buen puerto.

3. No todas las ideas están revestidas de grandeza

Lo cierto es que 8 de cada 10 ideas son tan malas que merecen ser arrojadas sin miramiento alguno a la basura. Y esta realidad, por enojosa que resulte, hay que aceptarla.

Por esta razón es vital que los individuos que forman parte de la organización tengan cierta tolerancia a la frustración. No puede ser de otra manera si tenemos en cuenta que casi el 90% de las ideas merecen ser quemadas en la hoguera.

Hay que tener redaños para hacer frente a esta durísima realidad que en industrias como la publicidad forma parte del día a día laboral de quienes allí se desempeñan profesionalmente.

4. Hay que experimentar

La experimentación exige inevitablemente hacer muchas cosas al mismo tiempo. Si nos escabullimos de la linealidad para desarrollar, por ejemplo, cinco prototipos de manera paralela, habrá que uno que tarde o temprano se imponga sobre los demás y prospere.

En tiempos inciertos es mejor no jugárselo todo a una solo carta. Hay que trabajar en varias ideas de manera paralela. Y hay que unir esfuerzos procedentes de distintos departamentos para remar todos en la misma dirección e intentarlo todo (por exiguos que resulten a bote pronto los recursos).

Es lo que hacen, por ejemplo, en estos momentos muchos laboratorios farmacéuticos, que están expandiendo sus capacidades de producción sin saber si el producto sobre el que trabajan logrará finalmente metamorfosearse en una vacuna eficaz y 100% segura contra el coronavirus.

5. La velocidad es la norma

Los titubeos están lamentablemente reñidos con la cultura creativa, que implica tomar decisiones raudas y veloces.

6. Hablar, hablar y hablar

La innovación no brota del momento aislado de inspiración de ningún genio solitario. La buenas ideas son hijas de la cooperación, de aquella que se abre paso entre caudalosos torrentes de palabras.

Las ideas se revalorizan y se enriquecen cuando se discuten hasta la extenuación. Y su particular correctivo es el equipo, no la jerarquía.

7. Repensar los espacios

Los humanos son seres eminentemente físicos, por lo que necesitan trabajar codo con codo, piel con piel, para alumbrar algo nuevo juntos.

La creatividad implica contacto, pero no tanto físico como espiritual y emocional, para echar de verdad brotes verdes.

Cualquier lugar (tanto real como virtual) puede trocarse en un vergel creativo si en él se dan cita las personas adecuadas.

8. Fijar objetivos ambiciosos y no perderlos jamás de vista

Las organizaciones no son creativas en el mismo sentido que podría serlo un pintor o un escultor, pero sí lo son desde el punto de vista de sus objetivos. Y tales objetivos deben permitir crecer a la propia organización y también los individuos que forman parte de ella.

Los objetivos de una organización deben revisarse, eso sí, de manera constante para ajustarse a la nueva realidad y a continuación deben comunicarse con claridad a todos los empleados. No olvidemos que los objetivos no dejan de ser aquello que enmarca la creatividad de la organización.

9. Solicitar ayuda

Una cultura corporativa de naturaleza creativa no puede levantarse en solitario. En apuntalar sus cimientos deben estar involucrados todos los empleados de la organización. De hecho, en sus propuestas y sugerencias, que deben ser siempre escuchadas, pueden estar agazapadas las soluciones a los problemas más perentorios con lo que está lidiando la organización.

10. Dejar aparcado el miedo

El miedo es siempre un mal consejero, por mucho que sea el natural oponente de la incertidumbre.

Los líderes necesitan dejar una pátina positiva en todo lo que hacen para arrastrar así con su positivismo al resto del equipo.

Un artículo de marketingdirecto.com

Buena semana!

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